¿Por qué escribo? Escribo para ser feliz me paguen o no por ello. Es una enfermedad haber nacido así. Me gusta hacerlo. Lo cual es aún peor. Convierte la enfermedad en un vicio. Además, quiero hacerlo mejor de lo que nadie lo haya hecho jamás. (Ernest Hemingway)

No escribo porque me sobra el tiempo, lo hago porque me hace realmente feliz. El verme esenciada en mis personajes, más humana, más cruel...realmente no tiene precio.





domingo, 23 de septiembre de 2012

Capítulo 8: Entierro de los años

El alma de una suicida
Capítulo 8: Entierro de los años

La nueva mañana del mes de Agosto nos recibió pensativas. Habían pasado dos semanas  desde nuestra última visita a ese barrio. Nos habíamos detenido en volver a entrar a la casa de Alfonso, teníamos muchas preguntas sin respuesta, demasiadas para mi poca paciencia.
-¿No deberías ir a la universidad?-me recordó Melinda.
-Tengo clases en tres horas-avisé-ya mismo me alisto.
Me quede viéndola, seguía pensativa. Al parecer no se podía quitar las dudas de la cabeza, se clavaba las uñas en su largo cabello de la amargura. Ella estaba tan metida en aquella búsqueda como yo.
-¡No lo entiendo!-exclamó furiosa consigo misma, mientras apretaba sus puños con fuerza-he intentado buscar todas las posibles razones por las cuales esa joven nos mintiera, simplemente no lo entiendo.
-Cálmate-le pedí-no creas que yo no estoy en las mismas. No hemos ido a esa casa, pero aun así es imposible saberlo sin tener esa llave, o lo que sea que abra ese relicario.
-Debí haberme sustraído ese relicario de aquella casa-manifestó lanzándose a la cama que juntas habíamos construido en el piso.
-Y eso que eras tú la enojada por haber robado una llave de una tumba-reproché sonriente-ya cálmate, no me hagas perder la poca tranquilidad que me queda.
-Tranquilidad es lo que yo no tengo-afirmó en un largo suspiro, que me pareció una eternidad-quiero conocer toda esa historia, no viviré tranquila hasta que no encontremos a esa niña.
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martes, 11 de septiembre de 2012

Estoy cansada

Aún me faltan siete días de espera, días que prometen ser tormentosos.
Jamás he sido paciente.
Soy de aquellas que ni siquiera puede dormir si no ha terminado de leer un libro.
Y como digo, aún me quedan siete días, siete largos días.
Tengo un pie dentro y el otro fuera.
Malabareo entre la locura y la cordura intentando encontrar mi equilibrio.
Y estoy cansada, de seguro lo estoy.
Descansar me obliga a pensar y pensar es justo lo que no quiero hacer.
Pensar en el pasado, en el presente y en el futuro.
La historia del pasado ya contada, ya escrita con tinta permanente.
El presente, torneándose cada tanto con la realidad y mi imaginación.
Y el futuro. Ese misterioso camino sin tomar, sin rumbo, aún no encontrado.
Y tengo miedo. Miedo de lo que sucederá, de no caminar por el sendero correcto.
Miedo de no encontrarme incluso si no me estoy buscando.
Esperar es doloroso y más para quién no conoce de paciencia.
Esperar es todo lo que me queda aunque no lo quiera.
Me sumergiré en nuevos libros, nuevas historias, nuevos mundos.
Me permitiré ser el personaje, el protagonista de otra vida.
Al final de día, es lo único que me relaja, me llena, me calma.
Es lo único que me hace feliz.
Y todos queremos ser felices.