¿Por qué escribo? Escribo para ser feliz me paguen o no por ello. Es una enfermedad haber nacido así. Me gusta hacerlo. Lo cual es aún peor. Convierte la enfermedad en un vicio. Además, quiero hacerlo mejor de lo que nadie lo haya hecho jamás. (Ernest Hemingway)

No escribo porque me sobra el tiempo, lo hago porque me hace realmente feliz. El verme esenciada en mis personajes, más humana, más cruel...realmente no tiene precio.





domingo, 8 de mayo de 2022

Ha pasado tanto tiempo desde la última vez que me atreví a escribir. Y me refiero de verdad, no los típicos mensajes emotivos para hacer a los demás felices, yo hablo de esas cartas a las tres de la mañana con lágrimas en los ojos cuando el pasado corre por la mente como la brisa en los prados, pero este no te hace cosquillas en las mejillas, sino que te atraviesa el pecho.  

Han pasado tantos años. A veces siento que estoy perdiendo los detalles de tu rostro, el sonido de tu voz, tu olor. A veces, de camino al trabajo en una fría mañana, entras a mis pensamientos de imprevisto y te quedas ahí. Y me pregunto cómo estás y me pregunto si los años han sido amables contigo y rezo a un Dios en el que no creo para que sea cierto. Me gusta imaginarte en un café con un cigarrillo en la mano que todavía no puedes fumar, pero que al salir encenderás, me gusta imaginar que ríes al escuchar mi voz idiota y que también te alegras por mí.  

A veces desearía por solo un instante teletransportarme y evadir la distancia solo por un abrazo, entonces respiraría profundamente, probablemente perdería alguna entrometida lágrima y agradecería de saber que estás bien, que existes.  

Si alguna vez por azares del destino te encuentras con mis letras, me gustaría que sepas que te quiero, que siempre lo hice. Que era joven y vieja, madura e inmadura al mismo tiempo, que estaba perdida en mis pensamientos y me encontré, no por ti sino contigo. Que el que me escucharas pacientemente hizo mis noches y mis días, que eres el mejor recuerdo de la peor época de mi vida; que fuiste un rayo de luz cuando me sentía en tinieblas.  

Creo que nunca fui tan feliz como lo soy ahora, creo que he hecho realidad casi todos mis sueños. Cuando camino por la calle, tranquila, sin miedos, me siento orgullosa de todo lo que he alcanzado. Creo que todo ha valido la pena, pero también creo que me maldije a mí misma, creo que con 70 años te seguiré pensando, te seguiré llevando conmigo a todos lados. Y en la cúspide de la felicidad, todavía te estaré echando de menos.   

 

sábado, 29 de abril de 2017

De la realidad y otras mentiras

Uno de mis miedos siempre fue levantarme una mañana y no reconocer a la mujer del reflejo, por supuesto, no me estoy refiriendo a ningún trastorno de identidad. Esto se trataba de algo más figurado. Ese momento en que te miras a los ojos y sabes que te has fallado, que has dedicado demasiado tiempo a dar largas en los asuntos que realmente importan o que te has estado saboteando. 
Vivía aterrorizada con la idea de observar mis propios ojos y ver a la niña en ellos, una mirada rápida habría bastado entonces para romper a llorar con las disculpas que mi boca no rezaría en voz alta.

Así que no me tomó por sorpresa el instante en que mi cerebro envió el claro mensaje de que había dejado de verme, que estaba evadiendo a los espejos de las habitaciones para no examinarme. Al principio no me importó, estaba de vacaciones y lo adjudiqué al excesivo tiempo libre. Cuando uno duerme tan poco es natural tener tiempo extra para pensar, sobrepensar, en mi caso particular. No necesitaba realmente estar peinada y podía hacer un montón de actividades sin notarme.

Cuando las mañanas empezaron a llegar sin que yo cerrara un ojo, empecé a sentir pánico. Mi cabeza dolía demasiado, una sensación terrible como si fuera aguijoneada y al mismo tiempo oprimida desde todos los ángulos. Recuerdo una noche cerrar los ojos con fuerza, poner una banda fría sobre ellos y sujetar con firmeza una almohada clamando en silencio poder dormir. A la tercera noche, en algún segundo entre el llanto inconsolable y aferrar mis uñas a mi cuero cabelludo, debí quedarme dormida. Cuatro horas, tiempo suficiente para recobrar la cordura.

Yo no entiendo realmente a las personas, trato de comprenderlas sin duda, pero pasé tantos años analizándome a mí misma que cuando me enfrento a los demás solo puede extender mi propia versión del mundo y de mis sentimientos para entenderlos. Así que yo explicaba mis propios síntomas como parte de la naturaleza humana. En ningún momento me he tragado el cuento de la felicidad social, no digo que las personas no sean felices, afirmo que no hay forma de que estén honestamente así todo el tiempo. Nadie desconoce lo suficiente de sí mismo y del mundo a su alrededor como para llevar perpetuamente esa sonrisa feliz que solo puede portarla con seguridad un verdadero ignorante.

Sin embargo, no nos entiendo. No explico esta necesidad de ocultarnos tras una máscara. Compartimos los mismos sentimientos negativos pero nos animamos a nosotros mismos a no trasladarlos o a esconderlos el mayor tiempo que nos sea posible. Eso sí, el diablo no permita que otro demuestre que es humano y peor aún, lo suficiente para albergar la desdicha sobre sí mismo. Dios, no, claro que no. Debemos ser fuertes y centrados, irrompibles, ¿verdad?

Hay una necesidad desesperada de mostrarle al otro que hemos encontrado la perfección, que estamos en cada período bien y que el plan de nuestras vidas se está dirigiendo en línea recta hacia la meta todo el tiempo. Tomamos fotos alegres de momentos maravillosos y los publicamos en un intento absurdo de evidenciarle al mundo riquezas emocionales y/o materiales que consagran nuestra existencia. Llevamos la máscara orgullosos de portarla. De vez en cuando, si tenemos la suficiente suerte, nos quitamos parcialmente la careta para que esas dos o tres personas a las que podemos llamar amigos vean que somos humanos también. Absolutamente el resto del mundo no puede evidenciar la realidad, no importa si odias a tu madre, si crees que tu vida no tiene ningún sentido, si tienes miedo de morir solo o, si como yo, no has tenido el coraje de verte a ti mismo realmente al espejo.

¿Qué nos está faltando? ¿Más frases honestas acerca de nuestros sentimientos o quizá oídos amables que escuchen al que se ha atrevido a decir sus más profundos pensamientos?

Particularmente no creo en la existencia del infierno porque pienso que podemos convertir nuestra presencia en el mundo en ese lugar aterrador que todos parecen temer con facilidad, pero si Dante Alighieri tuviera razón y ese infierno fuera auténtico, entonces entre ese viaje a ultratumba, en la sexta fosa del octavo círculo para ser exacta, habría un lugar especialmente para los cobardes. Yo espero que sea un lugar cómodo, porque la mayoría de nosotros pasará un tiempo excesivamente prolongado ahí, eternidad le dicen.


“Bueno, yo espero que si tú estás por ahí y lees esto sepas que, sí, es verdad, yo estoy aquí, soy tan extraña como tú.” –Frida Kahlo

sábado, 24 de diciembre de 2016

2016

Querida Johanna y quién sea que lea esto también:

El año 2016 se está desvaneciendo rápidamente y hay una hermosa sensación reconfortante frente a un año bien vivido.

Escribo esta carta en “noche buena” porque honestamente soy una persona más de fin de año que de navidad. Después de todo, es más fácil alentar a otros con nuevos propósitos por el nuevo año que aspirar que el nacimiento del niño Jesús en sus corazones haga algo por ellos. No pierdo la esperanza con ambas situaciones, sin embargo.

Algo curioso que he notado en las últimas horas es que el 2016 no me ha traído nuevos amigos, sí, he conocido a un montón de personas, pero mis mejores amigos y todos mis amigos queridos siguen siendo las mismas personas. No que me queje de ello, por supuesto.

Mi cerebro se entrecruza con todo acerca de lo que quiere decir, pensamientos que no quiere olvidar, que no permite solo morir. Así que si ofendo a alguien ni siquiera voy a disculparme, como dije hace 365 días atrás, esta es mi vida y la manera en la que pienso, siento y amo es totalmente mía; si alguien no está de acuerdo con eso, es libre de mirar a otro lado.

Ponerme como mi prioridad ha sido mi cosa favorita de este año, ¿saben? A uno le resultaría un tanto extraño que recién a esta altura de la vida una mañana me levante y diga: “Diablos, me pertenezco y soy importante, ¿por qué escatimar amor en mí si soy la única que voy a acompañarme hasta el final?” Así que he aprendido a escuchar más a mis deseos verdaderos y no solo a lo que haría mejor al mayor grupo de personas. Vamos, aliento a quién sea a levantarse con el mismo propósito y amarse un poco, que al final la gente a nuestro alrededor no se muere sin esa miradita extra.

Lentamente, a veces con gran esfuerzo, me he alejado de situaciones, personas y pensamientos que no me hacían sentir bien. Antes creía que debía levantarme cada mañana y hacer la misma rutina que se supone tenía que hacer independientemente si me sentía bien o no para ello, recibir toda la carga emocional extra que siempre supe que no podía soportar aceptándola como una explicación al amor que sentía de cada servidor que me la entregó. “No puedes anteponer la vida de los demás por encima de la tuya y creer que eso cuenta como amor”, la frase no se equivoca. Ya no comparto de conversaciones o eventos en los que no quiero participar. Si me levanto con esa terrible sensación de vivir en un mundo lo suficientemente incómodo como para permitirme dormir correctamente, entonces me animo a mí misma a seguir con el resto del día o me quedo en cama, dependiendo mi humor. Me he convertido sin duda en una persona más perezosa, pero también en una más feliz. Si alguien quiere llamarle egoísmo a todo esto, bien podría, pero yo creo que se trata de amor propio.

Algo de lo que siempre me he enorgullecido es que cada año se siente muchísimo mejor que el anterior, no sé si es porque se siente que envejezco diez años a la vez o simplemente aprendo lo que es mejor para mí y lo que no.

Yo no me engaño, incluso cuando me repito alguna mentira a mí misma siempre hay una voz en mi interior que sabe que no estoy repitiendo mi realidad en voz alta para no hacerme daño. Al final, la verdad es algo que nunca me he negado.

A mis amigos que leen esto y honestamente no estoy señalando a ninguno en especial, les pido que en el 2017 añadan el propósito de no engañarse. Es duro aquel momento en que sé que solo debo quedarme observando cómo se hacen daño y no poder hacer nada más al respecto. Si bien antes creía que habría una opción por tomar, aunque no me he rendido he aprendido a decidir cuándo es suficiente. No se engañen a ustedes mismos por amor- no al cielo o al infierno-, sino por ustedes mismos. No hagan más cosas que no les gusten para complacer a personas a las que no les importa. No mendiguen amor porque ustedes no merecen migajas de nada. No trabajen por otros ni sueñen desesperadamente hacer realidad los deseos de otros. Esta es su vida y lo único verdadero es que no saldrán vivos de ella. ¿Realmente quieren dedicar su bien más preciado satisfaciendo a los demás más que a ustedes mismos?

Lo sé, a veces es difícil, yo lo entiendo. Todos tenemos personas realmente especiales a quiénes quisiéramos bajarles el cielo para hacerlos felices, pero basta de deseos irracionales, ¿saben que en realidad no les pueden bajar un pedazo de cielo, verdad? Sean honestos con ustedes y con los demás y aprendan a decirles que “no” ante cualquier acción que atente contra su felicidad y su vida. No se fuercen a ustedes mismos a llevar una máscara porque el peso de la misma los consumirá y se llevará más rápido de lo que me gustaría admitir la llama de vitalidad de sus ojos.

No soy perfecta, nunca voy a hacerlo y no quiero serlo tampoco. Me he observado tantos años y he aprendido tanto de mi propia naturaleza humana que espero que algo de lo que me ha servido pueda servirles a ustedes.

No quieren levantarse una mañana y no encontrarse en su propio reflejo en el espejo. Los propósitos de año nuevo deberían tratarse más acerca de aventurarse a hacer cosas que aman y que los harán conocerse más a ustedes mismos que adquirir objetos que solo los llenarán por minutos. Yo no puedo decirle a nadie qué lo hará feliz, pero ustedes lo saben. Lo he visto tantas veces en sus ojos, sí, eso que llena de pasión su mirada y su hablar, ustedes saben en qué sueñan y con cuánto deseo lo hacen. Tomen esa clase de pintura o únanse a ese curso de baile, dejen todas esas excusas que le esté impidiendo realizar las cosas que en el fondo deseen, ¿qué si eso no tiene relación con su carrera, situación familiar o sentimental? ¿Y? Van a morir, ¿realmente no se permitirán llenar de emoción su vida? Permítanse que el 2017 sea un año en que incluso si no cumplen uno de sus sueños, estén más cerca de hacerlo.

Nunca me he considerado una persona positiva, de hecho, soy una persona bastante realista. Como escribí antes, es muy difícil que yo me mienta y supongo que con ustedes no hay mayor diferencia. Ustedes son conscientes de cada pequeña cosa que los vuelve miserable, que no los deja avanzar o peor aún, que los ha detenido y si bien-por diferentes razones- hay cosas que no se pueden dejar, estoy segura que hay carga innecesaria que pueden desechar para hacer su vida más ligera.

No puedo ser la única en el mundo que se siente de esta manera. Si algo no les gusta, cámbienlo. Si no aman algo, no se fuercen a amarlo. Si no quieren estar en un lugar, aléjense lo más rápido que puedan de ahí. Y si no se sienten bien, díganlo. La gente no es feliz cada minuto de cada día de su vida. He visto personas maravillosas y que uno pensaría que son realmente felices, ser totalmente miserables. Está bien tener un mal día, está bien estar triste, está bien ser humano. Y si cualquier emoción que consideren negativa les está haciendo daño, está bien pedir ayuda.

He cambiado sin duda. Todavía sigo siendo la mujer amorosa que no deja de repetirle a los que ama cuánto los ama, pero yo también me amo y soy la primera en decírmelo.

Feliz navidad a todos, no olviden recordar a los que aman cuánto los aman.


Los amo, sí, ustedes saben quiénes son. 

viernes, 25 de diciembre de 2015

Querida Johanna

Querida Johanna:
Estoy haciendo esta carta pública en el mismo instante en que la estoy escribiendo por una sola razón: no quiero que olvides tus propias palabras.
Durante años eres la única persona a la que he observado realmente, a la que he querido conocer y comprender. También eres la única persona que sé que puede sostenerme y la única que tiene el poder de destruirme.
Cariño mío, ¿no estás lo suficientemente cansada? Te veo cada mañana y sé con cuánto ahínco tratas de crear situaciones cómodas para todo el mundo, ¿pero a veces también no deseas solo quedarte en cama y ver como el tiempo solo pasa frente a tus ojos?
Déjate ir, permítete ser libre, siente exactamente lo que fluye por tu mente, independientemente si eso hará feliz a cada persona a tu alrededor o no. No les has hecho ningún daño a propósito, nunca los has juzgado realmente y no le pedirías nada que no fuera que se entregaran a sí mismos y sean felices; les has pedido por años que te encantaría que pudieran verse a través de tus ojos, que solo así entenderían lo especial y maravillosos que son. ¿Qué tal si probamos exactamente lo que profesas? ¿Qué tal si te permites por dos segundos verte a través de los ojos de ellos y descubres exactamente lo mismo? En el fondo sabes de sobra que ellos también desean tu felicidad, que tienen muchas ganas de que te permitas ser libre.
¿Y tú, tú que quieres?
Nadie te va a recordar precisamente por lo que no dijiste, nadie te amará menos por ser real, y si lo hacen, entonces nunca te amaron desde el principio. Todos pueden amar una puesta de sol, pero tú siempre has sido más de las que comprenden en silencio la luna, ¿podemos dejar que los que nos aman nos comprendan silenciosamente también?
Nunca has creído en los arrepentimientos, crees en el poder de tus decisiones. Cree en mí, confía en que cada hombre y mujer que es parte de tu vida en este momento entenderá que has dado lo mejor de ti, que nunca quisieras hacerles daño y que si eso sucediera te dolería más a ti, que te encanta que existan en tu mundo y que siempre estarán a solo un abrazo de demostrarles cuánto los amas.

Querido lector, no sé qué exactamente te ha traído a mis líneas, probablemente la curiosidad o la amistad que me tienes, pero hoy es un buen momento como cualquier otro para que trates de entender que probablemente nunca vea el mundo de la forma en que lo ves tú, que las cosas en las que creo probablemente no se ajusten a las tuyas y que tengo una forma especial de amar.
Estoy a solo siete días de despedirme de otro año y llevo meses con una idea rondando en mi cabeza: es hora de ser libre.
-Cada día me preocupo por cientos de cosas que realmente nunca suceden e intento arduamente que las cosas funcionen porque la vida me exige cumplir con mis responsabilidades independientemente de si me siento bien o no para ello.
-Me equivoco demasiado porque soy muy humana aunque aprecio que creas que hago las cosas realmente bien, pero no es así y voy a seguir equivocándome con frecuencia.
-Detesto que me hagan promesas que no pueden cumplir porque no quiero esperar por cosas que no sucederán, esperar es doloroso y tengo más cosas dolorosas que sentir.
-Disfruto de estar feliz pero también disfruto de estar triste, me agradan ambas emociones porque significa que estoy viviendo.
-Yo río de verdad, a todo pulmón y me vas a escuchar a muchos metros de distancia, me gusta hacerlo, romper a risas es increíble y no quiero contenerme por nadie, así que procura no dar aquella mirada de vergüenza ajena; yo estoy feliz, déjame demostrar mi felicidad como yo quiera.
-Sé que probablemente no te guste la música clásica o la poesía porque lo encuentras deprimente o porque simplemente te hace sentir miserable, pero a mí me gusta, me hace sentir llena y en armonía; me hace sentir que poseo un alma y ésta baila de la emoción.
-Mi amabilidad no es un acto de hipocresía, yo ni siquiera intento caerte bien con eso; yo solo pienso que pudiste haber tenido un mal día y yo no quiero ser la causa de que tu día empeore.
-Me cuesta confiar, la confianza te da el poder de hacerme daño. Si te doy mi confianza te puedo asegurar que te estoy dando un regalo que una vez que perdiste no te voy a volver a regalar. Yo no voy a darte una segunda oportunidad para que me lastimes, ya me he hecho mucho daño yo sola, no quiero cargar heridas extras por personas que no lo merecen.
-Tengo miedo como la mayoría de las personas, pero no me gusta hablar de ellos. Si algún día te cuento alguno no lo tomes con gracia o los minimices, porque para mí son reales, me producen ataques de pánico, me hacen preguntarme si esa opresión en mi pecho es un invento de mi imaginación o si realmente me estoy muriendo.
-Que no conozca las mismas cosas que tú no significa que no haya tenido infancia. Yo tuve una educación distinta, yo viví cosas distintas y yo elegí crecer de una manera distinta.
-No te necesito en mi vida. No soy tu acto de caridad, así que por favor no te quedes cerca si en realidad quieres estar en otro lugar. Voy a apreciar más el que te vayas para ser feliz que el que te quedes por compromiso o porque creas debérmelo.
-Observo mucho y probablemente te he estado observando todo el tiempo. Por favor, ni me gustan las mujeres ni estoy cayendo en profundo amor solo porque te esté viendo. A mí me gusta buscar el sentido a la naturaleza humana, en realidad eres parte de mi estudio mental.
-No voy a esperar a que alguien esté muerto para reconocer cuánto lo amo. Para mí el tiempo se trata de AHORA, hay muchas cosas que voy a a llevarme a la tumba y no voy a permitir que el amor sea una de ellas. Si te estimo, aprecio o amo ten por seguro que voy a demostrártelo. Voy a abrazarte fuertemente, voy a mirarte con ojos de amor y por supuesto que voy a decirte cuánto te amo. Me da igual si el resto del mundo cree que es un acto que debe ser compartido en privado, yo te estimo, te aprecio o te amo y si te mueres hoy definitivamente vas a ser consciente de eso.

Déjame ser libre, no me juzgues por todas las buenas razones en las que crees que debería guiar mi vida. Esta es mi vida y quiero vivirla a mí manera, quiero aprender de cada error que cometa y quiero crecer de todas las maneras en las que quiera mientras eso sucede. Yo realmente comprendo tu posición, en serio busco una explicación para la manera en la que miras la vida, pero tú y yo no hemos crecido de la misma manera, con los mismos valores, rodeados de las mismas personas y con las mismas experiencias. La forma en la que tú y yo percibimos la vida no es la misma, así que aunque me guste la aprobación, para vivir necesito respirar y no de tu opinión; voy a apreciar cualquier comentario, por supuesto, pero jamás esperes que viva mi vida a tu manera. Si incluso así quieres quedarte cerca, tienes dos opciones: o miras hacia otro lado ante cada cosa que no te guste de mí o juzgas en tu mente, esa carga vas a tener que llevarla tú solo/a.
No voy a disculparme por vivir mi vida de la manera en la que yo he querido, si a alguien debo pedirle perdón, es a mí misma por hacerme tanto daño.

Podría seguir escribiendo por largas horas acerca de todo lo que represento, pero mi familia está afuera de esta habitación y voy a ir a recordarles cuánto los amo.
                             
                                   Desde tiempo atrás:
                                                                   Johanna/Sheccid Juliet


domingo, 23 de agosto de 2015

Siempre fuiste mejor escribiendo historias que yo

Siempre fuiste mejor escribiendo historias que yo.
Probablemente sea porque has vivido más años o quizá simplemente el que tengas más imaginación, ese siempre será otro de tus misterios.
Siempre podías endulzar tus verdades y mentiras, difamarte a ti mismo y descomponerte hasta reducirte a la nada. Escalar y luego hundirte, hacer promesas con la esperanza sincera de conseguirlas y la agonía perpetua de que no te dejarían volverlas real.
Nunca quise mentir, no con un propósito al menos, nuestra única carta a usar siempre fue la honestidad, aunque esta pudiera ser dolorosa o demasiado emotiva algunas veces. ¿Si iba a herirte, por qué no con la verdad?
No, nunca fuiste parte de mis alegrías, nunca fuiste parte de mis tristezas, nunca te dejé serlo y no hay forma de que sienta remordimientos por ello. Te quería para todo pero no te necesitaba para nada y no hay forma en este mundo en que realmente me hubiera aferrado cuando siempre supe que tendría que soltarme y que la caída iba a dolerme.
Ódiame tanto como prefieras, incluso de conocernos. Culpa a la vida si deseas, cúlpame a mí, probablemente solo sea mi culpa de todas formas.
Te conozco, reconozco tus medias tintas, tus medios sueños, tus medias verdades todas retocadas con tu imaginación. Nunca me engañaste. Tú solo fuiste el mejor de los farsantes, pero también siempre he sido la mejor lectora de mentiras.
Siempre fuiste el mejor inventando historias, fue esa la razón de que me hicieras amarte.

Fue precisamente esa la razón por la que decidí amarte.

sábado, 12 de julio de 2014

Capítulo 11: La laguna de los recuerdos

El alma de una suicida
Capítulo 11: La laguna de los recuerdos

-Infraganti-balbuceó apenas me vio.
-Solo fui a tomar aire-mentí sonriente.
-No sabía que el aire golpeaba con tanta fuerza-manifestó inspeccionando mi labio roto.
-Me caí de la cama esta mañana-volví a mentir.
-¿Alguien te creyó eso?-preguntó sarcástico.
Lo mire incrédula, él ya me había descubierto en mi engaño. No era capaz de mentirle como antes. Mi consternación ante todo lo que ocurría en mi entorno, me hacía más débil.
-Está bien, te creeré-dijo alzando sus brazos de manera burlona-¿Cómo era?, ah sí, te caíste de la cama, ¿verdad?
-Cruel-susurré irritada.
-¿Yo soy el cruel?-preguntó ofendido.
Se fue molesto y no lo culpaba. Debía solucionar pronto mis problemas para no complicar más las cosas.
Al siguiente día Jeremy no me habló, pero tampoco  fui tras él. Tenía demasiadas cosas en que pensar. La suicida no me respondía, el correr de su pluma no se hacía presente, lo que me mantenía más alejada de la realidad que de costumbre.
-Amelia, te necesito-rogué-sé que estas ahí, responde.
Cualquier tipo de petición era innecesaria. Me frustraba la forma ridícula en que se estaba comportando la dama de aquel libro.
Los días pasaron más rápidos que de costumbre, mi nuevo semestre de clases empezaría en poco tiempo, sin embargo, no me importaba. El alma de aquella suicida no se dignaba a dar señales de su existencia.
Las preguntas seguían cercenando mi paciencia, ¿Por qué aquella joven me había engañado?, las dudas de sus acciones me mantenían despierta en las madrugadas, ¿Quién era aquel sujeto y que ocultaba?
Intentaba razonar de todas las posibles maneras, todo era en vano, mis interrogantes no eran contestadas por ninguna forma. Podía hacer un libro con el nombre: Mil preguntas sin respuestas, la historia de mi vida.
-¿De qué te ríes?-preguntó Jacob al verme.
-De las estupideces que corren por mi cabeza-señalé en tono burlón.
-Creo que ya terminaste de desquiciarte-aseguró sarcástico.
-No seas malo-pedí repentinamente enojada-sé mas considerado.
-Claro, lo seré-jactó malhumorado-pero ¿no crees que deberías tu también serlo?
-¿Yo soy mala?-me pregunté a mi misma en voz alta.
-¿Ni siquiera puedes responderte eso?-inquirió Jacob-a veces no encuentro la forma de entenderte…y lo he intentado de verdad.
-Jamás podrás hacerlo-murmuré. No me sentía nada bien en aquellos días; si yo no podía entenderme, nadie lo haría.
Salí de mi casa, esperando que el aire fresco de la nueva mañana calmara mis ansias. Llevé el libro de la suicida oculto en mi bolso, necesitaba respuestas y las hallaría a como dé lugar. Decidí escribirle a la dama, aunque ella no me respondiera.
-Por extrañas que parezcan las cosas, esto se estaba volviendo más frustrante que de costumbre, como si mi vida fuese a acabar en cualquier instante, como si mi tiempo estuviese siendo contado.
Estaba asustada. Cosas raras estaban sucediendo, no entendía nada.

sábado, 14 de junio de 2014

Escribir me hace feliz

Hace mucho tiempo descubrí que me gustaba escribir.
No diré que era algo innato, que todo el mundo sabía que me gustaría y que corría desde mi nacimiento por mi sangre.
Recuerdo que la primera carta de amor que escribí era prácticamente un collage de letras de canciones que me gustaban, un verdadero desperdicio de redacción de la que hoy puedo reírme y sentir vergüenza.
Supongo que un día apareció la necesitad de no solo pensar en cómo me sentía, sino también intentar volverlo palabras y definitivamente descubrí que me encantaba. No diré que es lo mejor en el mundo porque al final es solo eso, palabras; pero es lo más cercano que conozco a liberar las emociones y volverlas eternas.
Escribo para no morirme y para los que amo no sean olvidados, lo hago porque estoy feliz, porque estoy triste, en días malos y buenos, cuando la desesperación toca mi puerta e incluso cuando me siento aterrada. Escribo desde la simple razón de desear una buena mañana o el arduo trabajo que se puede convertir el extrañar a alguien. 
Quiero hacerlo cada minuto de mi vida, necesito hacerlo, como comer, respirar, hablar. Probablemente no parezca tarea tan imperiosa en sus vidas, pero en mi mundo lo es. 
Querido amigo, amor y extraño que lees ésto por casualidad, ¿recuerdas la última vez que sonreíste al hablar de algo que amabas? ¿puedes pensar en una razón que haga tu corazón latir con más fuerza de lo acostumbrado? ¿ha llegado a tu mente algo lo suficientemente apasionante para despertarte y encontrarte a ti mismo?
Si puedes sentir, pensar y recordar eso, entonces definitivamente puedes entenderme. 
Hoy es uno de esos periodos en que debería sentarme y centrarme en cumplir la mayor cantidad de actividades posibles para intentar respirar tranquila los próximos días, pero me estoy descubriendo aquí, con aquella sonrisa, con esa pasión en mis ojos, con las lágrimas intentando salir.
Ésto es tan relajante, emocionante y excitante que me gustaría inventar nuevos verbos y expresiones para poder explicarlo, es más, tengo confianza para soñar con hacerlo algún día.
No sé cuán larga será esta vida, pero de poder continuar disfrutando como lo hago, nada será tan malo como imagino. Ante el amor, el odio, la duda, opresión, encontrarme y perderme, sonreír y llorar; las cadenas de las letras me harán libre, eterna e irreal. Esclava de ellas, en definitiva, una deuda que a mí no me molestaría pagar.

Sí, escribir me hace feliz, pero ya lo habrás descubierto.