¿Por qué escribo? Escribo para ser feliz me paguen o no por ello. Es una enfermedad haber nacido así. Me gusta hacerlo. Lo cual es aún peor. Convierte la enfermedad en un vicio. Además, quiero hacerlo mejor de lo que nadie lo haya hecho jamás. (Ernest Hemingway)

No escribo porque me sobra el tiempo, lo hago porque me hace realmente feliz. El verme esenciada en mis personajes, más humana, más cruel...realmente no tiene precio.





lunes, 5 de agosto de 2013

Te digo adiós

Es probable que nadie lo entienda nunca o quizás me den la razón.
De la única cosa que no me gusta escribir ni dar detalles, es acerca de ti. El cómo nos conocimos, el color de tus ojos, tu estatura e incluso de tus gustos, la manera en la que caminas, lo que te hace feliz.
Hablar de ti es comprender que no estaba equivocada, que nunca lo he estado realmente. Es buscar hacer pedazos mi mente de puro antojo, caminar por la misma avenida en que sabes que siempre te pueden atropellar (y es más, que seguro serás atropellado).
Voy a sonreír y a decir adiós (como tantas veces), sólo que esta vez no voy realmente a despedirme.  Ese mensaje que nunca llegará a la bandeja de entrada, esa voz que no esperará del otro lado de la línea, esos brazos que no se ceñirán en los otros brazos. Todo esto me sabe a miedo, a escape, a huir. Y todos tienen razón,  yo lo sé y no me importa.
No escribo para que lo leas tú ni aquellas personas que ganan la lotería del conocimiento, me lo relato a mí misma, para cuando tenga 70 años e intente pensar en el “¿qué hubiera pasado sí?” recuerde que fue mi entera decisión.
Pido algo y asumes que debes cumplir. Alejarte si lo deseo, irte si lo pido y regresar si la soledad me consume otra vez. Tomar decisiones por ambos es agotador y más cuando no te molestas en acatarlas. Un ofensivo “no” siempre será mejor escuchar. 
¿Qué por qué sigo escribiendo esto? Diré que es una de esas horas en que necesito hacerlo, como comer o dormir, como respirar, como para poder seguir viva.
Te elegiría a ti y correría a tu lado, pero prefiero elegirme a mí misma. Al final y al cabo, voy a acompañarme hasta el final, así que es la mejor opción.
No sé si voy a olvidar tu existencia, pero me he cansado de que pase el tiempo y lo único que se nos pase es la vida. Te libero de mí (como citan muchos por ahí), de mi falsa seguridad que te ha mantenido tanto tiempo lejos, de las lágrimas, las risas y los días insoportables en que herir se convierte en mi mejor arma; te libero de los secretos que nos apresan, del pasado, de los sueños futuros. Te libero de todo y lo desecho todo. Me libero a mí misma también.
Voy a negarte, a ti y a la sonrisa con tu nombre; voy a olvidar incluso las lágrimas, amargas gotas de sentimiento; borraré los intervalos en que aparecías en cada una de las puertas de mis pensamientos. Me obligaré a olvidar tu existencia.
 ¿Sabes qué es lo mejor? Si olvidas el pasado y finges que el presente no existe, el futuro se vuelve aliviante. Mi mente no pensará en tu malgenio mañanero y tu insomnio nocturno, esos amores tan tuyos, aquellas que vienen y van. Si te olvido ahora, no conoceré ni cuando tu corazón deje de latir. Todas estas cosas son tan reconfortantes.

Mañana, años después, cuando me esté muriendo, sabré si el miedo me sedujo o fue lo correcto; mientras tanto, te digo adiós. Que el tiempo me dé o me quite la razón.

jueves, 1 de agosto de 2013

Romperse el corazón de mutuo acuerdo



"Romperse el corazón de mutuo acuerdo"


(Por Mayra Zepeda)


"I can drive on that road forever.
Se conocieron muy tarde. O muy temprano, depende de cómo se vea el asunto.
Ella, con esas auroras boreales como ojos. Él, con todo ese romanticismo desbordado. Ella necesitaba, añoraba ese romance; él quería perderse en esas luces del norte.
El tiempo les jugó chueco, la vida les gastó un mal chiste, de esos que cuando terminan nadie ríe. Se enamoraron como sólo los soulmates lo pueden hacer. Se conocieron por entero: virtudes, defectos, malas mañas, problemas, tragedias, sueños secretos, vanidades…
¿Que cómo supo que algo estaba sucediendo? Una noche, después de una fiesta, los dos sentados en un taxi, con Linger de los Cranberries de fondo.  Él la abrazó y ella amenazó con quedarse dormida en sus brazos. A él no le importó. Ella no pudo dormir ni un minuto porque sólo pensaba en lo que estaba sintiendo ahí, refugiada en los brazos de ese hombre que jamás podría complacerla. Él la acariciaba con ternura, con ese tipo de caricias que sólo los hombres enamorados saben dar. Ella se dio cuenta.
¿Qué cómo supo él que estaba enamorado? No lo sé, eso tendrían que preguntárselo algún día.
Se rompieron el corazón de mutuo acuerdo. No pueden estar juntos. No quieren estar juntos, porque si en verdad lo quisieran lo intentarían todo, pero no. Ambos son sensatos, realistas y demasiado románticos como para arriesgarse a perder todo “sólo” por intentarlo.
Que esta historia sólo exista en un mundo paralelo. Ahí podrán estar juntos, tomarse de la mano, caminar bajo un paraguas en una noche lluviosísima. Ahí él podrá darle tiernos besos, consentirla, contarle historias; ella podrá intentar cocinarle un platillo y llevarlo a bailar salsa. Ahí podrán ponerse ebrios hasta el amanecer y despertar juntos hechos mierda por la resaca. Él podrá preparar el desayuno, ella…
Lo malo de los mundos paralelos es que aunque se tenga conciencia de que pueden existir, en realidad no se pueden sentir, y cuando las cosas no se sienten –en este caso el amor-, no se tiene un carajo.
Estas fueron sus últimas palabras, porque no se hablará más del tema.
“Prometo que es lo último que te diré: Ayer, en ese momento y ese lugar, te amé con todo mi corazón, y aunque no pueda estar contigo, eres el amor de mi vida. Gracias por enfriar las cosas”.
“En estas cosas es todo o nada. Las medias tintas no valen. Eres mi príncipe azul, aunque no podamos estar juntos. Gracias por dejar que se enfríen y por tener la disposición de dejarlo ir”.
Siempre habrá cosas para las que nunca será el momento."